Autoexigencia…¿hasta dónde es sana?

No sé porqué dejé de escribir… bueno, quizá ahora con la distancia puedo ver que dejé de escribir porque empecé a no sentirme cómoda con lo que escribía, cuanto más lo leía, menos me gustaba. No me gusta cómo escribo… no valoro lo que escribo, quiero escribir como un gran escritor (ya estamos con la autoexigencia) Autoexigencia…¿hasta dónde es sana? cuánto más me exijo y más me esfuerzo por escribir bonito, menos me gusta.

E intento, por un lado, aprender técnicas de escritura y creatividad para redactar los textos, por otro lado, sumergirme en esto de las nuevas tecnologías para darle valor a la publicación y recibir reconocimiento… (qué pava).

Y entonces empiezo a dejar de escribir con el alma, y entonces lo que guía mi escritura es la técnica (que ni eso) y el pensar qué aporta mi publicación, si lo que estoy escribiendo interesará a la gente.

Al final se me olvida que escribo para mí, que el origen de todo esto está en disfrutar plasmando lo que siento, expresando con palabras lo que a veces me resulta más fácil que hablando, mirando hacia dentro de mí y, no solo conocerme más y mejor, también aprender a poner nombre a lo que siento y aprender a gestionar mis emociones.

Esta es una de las mejores maneras de relajarme, de meditar, de conectar conmigo, de tomar consciencia de lo que quiero, de lo que necesito… y trabajarlo a diario porque tiendo a olvidarlo y de nuevo la vorágine de lo que ha sido mi manera de vivir hasta ahora me arrastra.

Autoexigencia…¿hasta dónde es sana?

Y lo que ha sido mi manera de vivir hasta ahora ha sido no tenerme en cuenta, no ser yo misma prioridad para mí, mi sentido de la responsabilidad ha sido obligatorio para mí, las personas queridas han sido primero, la economía… lo que se espera de mí… etc. Ni preguntarme a mí misma qué necesito.

Ese modelo ya no me sirve… ahora quiero más…

#PorqueAhoraEsMiMomento

No permitas que tu Autoexigencia ponga el foco de tu atención donde no corresponde…

Nos vemos en la próxima publicación,

El alma de Ruth.

Y recuerda, en tu mente están todas las herramientas que necesitas para tu bienestar emocional.

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